Violaciones, abortos y la Iglesia con la que topamos

El papa Francisco. Getty

Al final, la Eucaristía no ha llegado al río, y la Iglesia católica como institución no niega explícitamente la comunión al presidente de EEUU, Joe Biden, que tiene por costumbre comulgar religiosamente todos los domingos cuando fervorosamente acude a misa. Tampoco impedirá que comulguen otras políticas y políticos como, por ejemplo, Nancy Pelosi, presidenta del Congreso estadounidense.

En efecto, la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, reunida en Baltimore el pasado miércoles 17 de noviembre, aprobó por amplia mayoría (222 votos a favor, 8 en contra y 3 abstenciones) un texto general sobre el significado de la comunión titulado El misterio de la Eucaristía en la vida de Jesucristo. Se trata de un documento que a juicio de muchos curas y obispos podría usarse como justificación teológica para negar la comunión a Biden (ya le fue negada en una misa el 2019), puesto que tácitamente justifica a los obispos que individualmente lo hagan, pero el documento no llega a negar explícitamente el sacramento a miembros de la clase política que como él apoyan un derecho humano básico como el aborto.

El Vaticano ya frenó el pasado mayo el intento de los obispos estadounidenses de excomulgar al presidente Joe Biden por apoyar el aborto. El papa ratificó la manga ancha y la tolerancia hacia Biden en el cordial encuentro que ambos tuvieron en el Vaticano el pasado 29 de octubre cuando estaba amenazado por los obispos estadounidenses de negarle la comunión.

Todo muy versallesco, elegante y repleto de caballerosidad y de camaradería masculina. Una pena que estas dos últimas tan viriles virtudes no le hayan servido al papa para apiadarse henchido de compasión de la niña de once años repetidamente violada y preñada por su abuelastro y a quien la fundamentalista iglesia católica, también durante este mes de octubre, ha adoctrinado y acosado para que no aborte. Según la ONU, el embarazo de una niña pone en riesgo no sólo vida, salud y proyecto de vida, sino que asimismo contra su salud mental y emocional, su autonomía corporal, y alienta y refuerza las desigualdades, el ciclo de la pobreza y la discriminación.

Según datos de la Casa de la Mujer de Bolivia, en 2020 hubo 39.999 embarazos de menores de 18 años, es decir, 104 niñas quedaron embarazadas cada día en Bolivia, de las cuales seis son menores de 13 años. Se da la circunstancia de que en Bolivia es legal el aborto cuando el embarazo es fruto de una violación, de un incesto, o si la vida de la madre está en peligro.

No como en Honduras donde el aborto está prohibido (y su prohibición blindada con saña por el Congreso Nacional en enero del 2021) bajo cualquier circunstancia incluidas la violación, el incesto, la malformación grave del feto o en caso de que la vida del embarazada esté en peligro, por gravemente que lo esté. Según Naciones Unidas, Honduras tiene una de las tasas más alta de embarazos adolescentes de Latinoamérica, en uno de cada cuatro partos la madre es menor de 19 años.

La iglesia de Bolivia siguió la doctrina de Francisco punto por punto; un papa campeón de todas las causas del mundo que no dependen de él —«consejos vendo, que para mí no tengo»—, pero incapaz de actuar en las tropelías de las cuales por su cargo es el máximo responsable. Por citar tres.

La subordinación de las mujeres en la institución eclesiástica. Las mujeres que nombra son sólo para cargos de gestión; algo más especializadas y consideradas que las monjas que restregaron el altar de la Sagrada Familia durante la misa que ofició Benedicto XVI para consagrar dicha basílica, pero poco más.

La pederastia caníbal y generalizada de sus subordinados. Francisco no ha aceptado varias dimisiones de obispos y dirigentes involucrados. Por ejemplo, en marzo del 2019 rechazó la dimisión del cardenal Philippe Barbarin, condenado en Francia por encubrir abusos sexuales a menores de un sacerdote de su diócesis de Lyon; o últimamente, en mayo de 2021, la de Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Freising, tras el demoledor informe sobre los abusos a menores y los encubrimientos durante el período 1975-2018 por parte de curas de la archidiócesis de Colonia; por el contrario, sí ha aceptado hace unos días la dimisión de Michel Aupetit, arzobispo de París, pero es que éste sí había cometido un pecado grave: liarse con una mujer.

La violencia, incluida la violación, contra las monjas por parte de sus superiores. El único caso en el que los papas han considerado justificado el uso de la píldora anticonceptiva ha sido en misiones donde las monjas eran susceptibles de ser violadas, ¡y lo son!, por misioneros. Tres pecados mortales, pues.

A ver qué pasará con la ley del aborto en España (y con la de los EEUU, por cierto) ahora que está en las garras de un Tribunal Constitucional que acaba de incorporar a dos personajes con las manos más sucias que el hollín y militantes contra los derechos de las mujeres y la democracia en general. Justamente se ha responsabilizado a uno de ellos —que si no es un delincuente seguramente es porque no se lo ha juzgado— de la ponencia sobre el recurso del PP contra la ley del aborto.