‘Annette’ y las críticas

Si teclean annette en Google, una de las opciones que aparecen es annette críticas. Si clican en ella, se desplegarán un montón de referencias de unas críticas ditirámbicas y altamente elogiosas. Ya en los títulos se destaca, por ejemplo, que es una ópera maestra del cine, una operística genialidad.

Antes de leerlas, fui a ver el musical Annette (Francia, 2021), la ópera-roc de Léos Carax. Fui, por un lado con ciertas expectativas, pero por otro, con un poco de aprensión producto de experiencias previas con su cine.

Ojo, que vienen líneas aguafiestas si es que no se ha visto la película.

La historia cuenta la relación entre dos celebridades: una cantante de ópera y un cómico algo brutal. La cantante muere cada noche al final de la función —como es habitual en este género ya sea por tuberculosis, suicidio inducido, asesinato, consunción etc.—, lo que anuncia y desdramatiza el desenlace del film (y nos prepara para él) y, ya más en general, presenta agudamente la ópera como reservorio de malos tratos y asesinatos de mujeres; el autor aprovecha la ópera, pues, en ambos sentidos.

La historia es simple: amor desenfrenado y turbio, nacimiento de una curiosa criatura, celos y otras turbulencias, fin del amor, etc. y reemergencia (es denunciado por seis mujeres) del protagonista como maltratador (el corrector no contiene esta última palabra, toda una declaración de principios). El protagonista asesina a la cantante. Secuencias más tarde, asesinará también al pianista que la acompañaba.

La historia se centra en el maltratador en serie y asesino múltiple. La víctima, como se las suele tratar, víctima es y allí se queda, si no fuera porque, la muy mala pécora, una vez muerta y fantasmagórica se las apaña para atormentar moderadamente al maltratador en serie y asesino múltiple.

La historia al final presenta a un maltratador en serie y asesino múltiple, comido por sus fantasmas y sobre todo por la prisión, que se permite (ecuánime) defender a la asesinada ante la hija, cuando la niña la crítica. Hija que les acusa de explotación infantil, abuso criminal que ha tenido lugar exclusivamente por parte del padre cuando ya había asesinado a la madre.

Como ven, una crítica, la mía, muy y muy pedestre, torpe e (intencionadamente, para compensar tanta ausencia) repetitiva. No hablo en ella de la profundidad y la estridencia del film, de la irregular y potente música, de los juegos de espejo, de las servidumbres de la creación, de los trampantojos del amor, de la ficción dentro de la ficción, de dos actuaciones portentosas, etc. Si lo desean, lo podrán leer en las encendidas y halagadoras críticas, en las sensibles, recatadas, pudorosas y documentadas críticas, por cierto parciales, a que me refería más arriba.

Porque Carax puede hablar de lo que más le plazca y como más le complazca, claro está y siempre es loable intentar aproximarse a una cuestión tan dura como los maltratos. Pero sorprende que las críticas se limiten a decir que tiene categoría de obra de arte en estado puro, llena de arrojo, valentía y oscura belleza. Hablen sólo de la obsesión recurrente del autor por el amor —el amor como bendición, el amor como maldición (sic)—. Digan tan sólo que es terrible, perturbadora e imprescindible; que habla de masculinidades sombrías, de personaje tóxico, de paternidad tóxica, máximo, máximo, de masculinidad tóxica (la piel muy fina). Una describe el asesinato como un viaje marítimo azotado por los celos y la pulsión de muerte. Otra coordina peligrosamente pasión y maltratos.

Hablan de la excentricidad del autor, de su espíritu de enfant terrible rompedor e innovador pero no hacen mención de que, por ejemplo, asisten el parto tres enfermeras risueñas y un médico que sí sabe lo que se hace. Como ven, convencional, tópico e incluso anacrónico. Viniendo de quien viene, una esperaría que la hubieran ayudado a parir unas marionetas, el coro de un conjunto, un grupo de fans o vete a saber qué.

No he visto ni una sola crítica que use el término asesino, ni, por supuesto (el ya visto eufemismo tóxico se usa en más de una) la adecuada, justa y descriptiva palabra maltratador.