Queen & Slim. Huida y encuentro

Fotograma de la película

Tengo la impresión de que el film Queen & Slim (EE.UU., 2019) de la directora Melina Matsoukas (1981) ha pasado por las carteleras sin pena ni gloria. Y es una lástima porque es una buena película y un buenísimo debut en largometrajes de Matsoukas, su directora. Ha ganado no menos de tres premios en esa categoría.

La trama no es nueva ni se agotará con este film. Cuando después de una primera cita —también sin pena ni gloria; deplorable, vaya— en un restaurante de Cleveland (Ohio) una pareja heterosexual afroamericana vuelve a casa en coche (no les estoy fastidiando la peli: empieza así), un policía manda parar el coche, acosa a la pareja, se ensaña con ella y finalmente la detiene. Tras matar al agente en defensa propia, la pareja huye desesperada y sin ningún plan; ni grande ni pequeño. (Seguro que les ha venido a la cabeza Thelma & Louise (1991) o, en menor medida, Bonnie & Clyde (1967) o algunas series.)

En este momento arranca Queen & Slim, un diamante de muchas facetas todas muy bien cortadas y trabajadas.

Por un lado es una película de carretera. El camino se inicia, pues, en Ohio, pasa por Kentucky, se detiene en Nueva Orleans, se demora por la Luisiana y termina en Florida, en Miami. (No deja de ser raro hablar de un recorrido tal desde los confines del confinamiento por culpa del maldito coronavirus.) Los paisajes y las ciudades que desgrana, como el resto de personajes que van saliendo al paso, no son puro decorado.

Por otro lado, presenta unos personajes complejos —cada uno herido a su manera— que a lo largo de la dilatada ruta se conocerán y se comprenderán mejor a sí mismos y entre sí, así como lo que les ha acaecido en la vida; entenderán, perdonarán y se perdonarán. Dos personajes, pues, redondos que se van fraguando a fuego lento.

(Aunque en el título de la película consta en primer lugar la actriz protagonista y luego él, en casi todas las referencias sobre Queen & Slim, se habla en segundo lugar de la actriz, Jodie Turner-Smith —Queen— y en primer lugar del actor, Daniel Kaluuya —Slim—. Adivinen por qué.)

Finalmente y no es nada trivial, toda la película está recorrida por un clamor contra el racismo, no sólo el de Ohio, sino el que envenena a todos los estados de la Unión de arriba abajo y de costa a costa, esta plaga, esta ira, que los corroe; lo articula el guión —también premiado— de Lena Waithe a partir de un libro de James Frey. Atención a las complicidades negras que van encontrando Queen y Slim a lo largo del camino, alguna bien inesperada y espejo del racismo que sufre la población negra incluso de quien parece perfectamente integrado.

La película va un poco más allá en este cometido y dibuja cuestiones complejas. Por ejemplo, como un hecho en el momento en que pasa al dominio público, deja de pertenecer a quien lo ha realizado, adquiere vida propia y ya no se puede ejercer ningún poder sobre la previa acción ni hay posible intervención sobre la lectura que la otra gente hace de ella y sobre las decisiones que toma. La historia y el recorrido de una foto, lo ilustra ampliamente.

Queen & Slim se redondea y toma ritmo y tono a partir de una extraordinaria banda sonora que la envuelve y la acaricia desde que empieza hasta que termina (el tema Collide de Tiana Major9 and EarthGang también se llevó algún premio), y todo el fulgor del arte de Matsoukas, curtida como directora en vídeos musicales (ha realizado videoclips para divas como Beyoncé, JLo, Kylie, Lady Gaga, Rihanna, Katy Perry), cortos, anuncios, series… Ha ganado dos veces el Premio Grammy y cuatro veces los MTV Video Music Awards por diferentes vídeos musicales. También ganó la Medalla Alumni Franklin Schaffner del American Film Institute en 2019. Tomen nota de su nombre.